# Las conversaciones sobre sentimientos, aun pudiendo resultar insalvables (o imprescindibles mal que me pese) en alguna ocasión, casi siempre me resultan ñoñas, irreales y sobreactuadas. Las emociones tienen su propia inercia, su propia dimensión y plano de realidad, pretender describirlas con palabras (de las cuales además tenemos culturalmente y por tradición histórica un repertorio ridículo y empalagoso) supone fallar siempre y manifestar realidades toscas, sin matiz, que las convierte en esperpentos deformes.
Las emociones se viven, transmiten e interpretan en un plano paralelo al lenguaje oral, porque tienen un idioma propio que viaja por otros conductos.
Y con esto no quiero más que justificarme por huir como una rata que se ha comido 3 mortis de speed, de conversaciones con aire de trascendencia sentimental en las que yo esté implicado. En abstracto y de terceros me cuesta menos hablar la verdat, porque soy un teórico de altura y una persona que va muy de lissssto