# Sabe el que me ha catado, que soy beligerante con las marcas, los logos y las empresas notorias hasta el punto de quitar cualquier rastro, que pueda delatarme, a la ropica que me pongo. Trasciende el asunto las consideraciones políticas o teóricas además, cuando se convierte en una pulsión irrefrenable y en un criterio estético. No las quiero conmigo y safis
Tengo sin embargo una debilidad a la que, aunque trato de no hacer demasiado pública por el necesario pudor, hoy tengo que darle cancha. Los Clippis.
Más que una marca, un icono del fumador de parque. El instrumento perfecto para la construcción de lirios, la mecánica mejor diseñada para resolver cualquier contingencia que pueda darse durante la elaboración de alabardas de fuego. Esa última llama rescatadora aun después del último estertor, la posibilidad de cambiar y ajustar la piedra, de rellenarlo, de usar el cilindro portador de la rueda como prensador, incluso el trucazo de incluir un rascador octogonal en los últimos modelos, hacen de este mechero el objeto científicamente mas desarrollado que jamás he tocado. La perfección.
Pues bien, tras años de acumular modelos diferentes, en colores transparentes y opacos, de medida estándar o pequeños, con fundas metálicas o de plástico, serigrafiados o lisos, hoy me he quedado definitivamente sobrecogido. En el estanco de confianza donde siempre tienen las últimas novedades y los gachets más níquel solo ha habido una caja que ha ocupado mi atención desde que he entrado por la puerta. Unos Clipper de metal (no con funda exterior no, construiditos en una brillantísima aleación en opcion tope destellos o mate) que vienen en cajas individuales y con GARANTIA de 2 años, me han robado el oremus. Los síntomas de embolia han llegado una vez que he comprobado que además tenían regulador en la parte inferior!! El regulador, para cualquier usuario antiguo de clipper, ha sido siempre una quimera o una leyenda local mediante la cual podías pegarte paseos interminables hasta estancos ignotos donde una vez tras otra te decepcionaban con su carencia. Solo algunos pocos que habían viajado a Francia tenían modelos con regulata, y aun así yo apenas he visto 3 o 4 en mi vida. Una barbaridad vaya.
El caso es que valían mil pesetas pero me he comprado 4, porque era menester.

