# El repertorio de malabares nuevos lo tengo flojito, desde que me he desprendido de la necesidad de caer bien yo no apunto palabras makensi para usar en conversaciones aleatorias. De todas formas hoy, buscando la capital de un emirato en los almacenes de mi saber enciclopedico, he encontrado tres truquitos que no nos saciaran, pero servirán de merienda:
- Hinojo significa rodilla. Sobra decir que la dimensión poética de esta relación es acojonante, teniendo en cuenta que hinojo también es un arbustillo aromático que parece ideal para descansar las piernas mientras clamas al cielo por tu vida mala. “De hinojos” quizá os sonara mas de haberlo leído en alguno de los libros obligatorios de BUP (seguro que también os acordáis cuando éramos escolares y algún señor nos preguntaba que cual era el equivalente a “la reválida”), y el significado es el que parece. Mola un poco, no?
- Prosternar significa prácticamente lo mismo que postrar (que a su vez también se puede decir prostrar). Aquí el buqué lo trae el jaleo de sonidos que se te arma en la boca cuando tienes que decirla. Si la sacas a la primera malo sería que no consiguieras un azucarillo y al menos dos palmaditas en la chepa, yo me la tengo practicada y la clavo siempre con la mirada perdida aparentando indiferencia.
Estas dos son de la misma rama de la biomecánica humana, el arrodillamiento, pero de postre tengo otra que aunque juraría haber comentado ya en chapas anteriores, pertenece a otra sección del saber humano (con carga político-cotidiana incluso).
-De fijo que alguna vez os ha pasado por la almendra que cojones significa tener agallas…pues es eso, tener cojones. Aunque de primeras su aspecto inocuo de elemento de fábula nos podría remitir a las branquias de los peces, el significado de la frase es un dislate, y decepciona el ánimo libertario conocer que el mejor eufemismo para evitar referirse a las gonadas del varon al aludir a la valentía, no es más que una metáfora chusca. Las agallas son unas bolas que se forman en las cortezas de los arboles por la picadura de insectos e infecciones propias (una cosa basssstante desagradable si te paras a darle una vueltica), y eso al vulgo le ha recordado desde siempre a los buebos












